La guerra de los gigantes de Durón de mano de la OBG e Íliber Ensemble

La guerra de los gigantes

La Orquesta Barroca de Granada y el conjunto de música antigua Íliber Ensemble unen sus fuerzas estas semanas para llevar a escena la ópera La guerra de los gigantes de Sebastián Durón (1660-1716).

La obra, considerada una de las últimas óperas genuinamente españolas antes de la entrada de la ópera italiana en nuestro país, será representada los próximos días 11 y 12 de octubre, a las 20:30 horas y a las 12 horas respectivamente, en el Auditorio Manuel de Falla de Granada. Estas funciones constituyen, además, el germen de la creación de una temporada estable de ópera barroca en la capital nazarí.

La producción contará con un excepcional elenco de solistas encabezado por las voces de Raquel Andueza, en el papel de Minerva, Marta Infante, representando a Palante, Laura Sabatel, dando vida a Júpiter y Solomía Antonyak, encarnando a Hércules. El apartado vocal se ve completado por Pilar Alva, Teresa Schiaffino, Lucía Marsella, Isabel Hernández y Luis David Barrios, que representarán a diversas Alegorías en la Introducción de la ópera, La Fama, El Tiempo, La Inmortalidad y El Silencio, e integrarán, asimismo, el coro de gigantes que, comandados por Palante, tratarán de tomar el Olimpo.

La propuesta cuenta con la dirección musical del titular de la Orquesta Barroca de Granada, Darío Moreno, la dirección escénica y audiovisual de Alejandro Gómez, y la dirección artística de Darío Tamayo, director de Íliber Ensemble.

La puesta en escena seguirá una línea vanguardista en la que las proyecciones y los elementos audiovisuales interactuarán con los propios cantantes y el espacio escénico.

Con respecto a la versión de la partitura, se hará uso de la transcripción y edición de la misma llevada a cabo por Raúl Angulo y Antoni Pons, musicólogos de la Asociación Ars Hispana, cuyo trabajo ha sido ampliamente reconocido por su rigurosidad. En este caso, han basado su labor en la única fuente que existe de la ópera, una partitura manuscrita conservada en la Biblioteca Nacional de España.

La guerra de los gigantes de Sebastián Durón (1660-1716) es una obra tan fascinante como poco conocida y se revela como uno de los grandes hitos escénicomusicales del siglo XVIII en España.

Su importancia e influencia es absolutamente decisiva en la historia de la música en nuestro país, pues supuso un fin de ciclo al constituir la última gran producción escénica genuinamente española. De esta manera, la obra se estructura en una sucesión de tonadas y coplas, formas características de la música hispana de entonces, en lugar de articularse en recitativos y arias, como
sucedía en la ópera italiana contemporánea y, por influencia de esta, en prácticamente todo el panorama operístico europeo del momento.

Pero La guerra de los gigantes supuso también un ejercicio de conciliación musical: a pesar de su fuerte característica española, la obra incluye algunos elementos franceses e italianos, los dos estilos nacionales predominantes en el escenario musical europeo de principios del siglo XVIII. De esta manera, Sebastián Durón fue capaz de integrar en su ópera estas dos corrientes entonces
absolutamente irreconciliables por motivos no solo musicales, sino también políticos, sociales y culturales, logrando reunificarlas y reconciliarlas casi diez años antes de que se iniciase en Centroeuropa el movimiento conocido como los “gustos reunidos”, que abogaba por la fusión de elementos italianos y franceses para crear un único estilo musical globalizado.

La guerra de los gigantes no es, sin embargo, una ópera difícil o de temática obsoleta. Su argumento gira en torno a la Gigantomaquia, el enfrentamiento que según la mitología griega se dio en el amanecer de los tiempos entre los gigantes, guiados por Palante y los dioses, a las órdenes de Júpiter y comandados por Hércules. Este argumento adquiere todo su significado si lo entendemos como una metáfora de la Europa convulsa de comienzos del siglo XVIII, sumida entonces, como hoy, en una profunda inestabilidad política.

La ópera fue escrita, al parecer en el año 1701, bajo el patrocinio del V Conde de Salvatierra, probablemente con ocasión de los actos de celebración del enlace matrimonial entre Felipe V y María Luisa de Saboya. El texto, de autor incierto, se ha atribuido al propio Conde.

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