El fagot, por Dominique Deguines

Por Dominique Deguines

 

Dominique Deguines nace en Calais (Francia), donde comienza sus estudios de música con Albert Duhaut. Continúa su formación en el Conservatorio Superior de Música de París con Maurice Allard. Posteriormente perfecciona sus estudios con Amaury Wallez en el Conservatorio de Saint Maure, donde obtiene el primer premio y medalla de oro. Al terminar sus estudios comienza a trabajar como profesor del Conservatorio de El Cairo (Egipto), desarrollando una importante labor pedagógica.

 

  •          Como solista, ha actuado en los escenarios del Teatro Monumental, la Fundación Juan March, el Museo Reina Sofía, el Teatro de Alicante o el Auditorio Nacional, además de en Festivales Internacionales de ciudades como París, Nueva York, Zagreb, Milán, Oporto o Ginebra.
  •          Ha estrenado varios conciertos contemporáneos, entre los que destaca el Concierto para fagot y grupo instrumental de Joan Guinjoan, posteriormente grabado en disco. También tiene numerosas grabaciones para RNE y TVE.
  •          A lo largo de su carrera ha sido fagot solista de la Orquesta Sinfónica de Euskadi, la Orquesta de L’Île de France y la Orquesta Sinfónica de Madrid “Orquesta Arbós”.
  •          Actualmente es profesor de fagot de la Orquesta Sinfónica RTVE.

 

El fagot pertenece a la familia de viento-madera. Para su construcción suele utilizarse la madera de arce y su color depende del tipo de barniz con que se impregna la madera, pudiendo abarcar desde tonos rojizos hasta una amplia gama de marrones.

Es de tubo cónico y mide 1.37 metros de altura. Sin embargo, hay que tener en cuenta que es un instrumento cuyo tubo esta doblado; si lo extendiésemos, llegaría a los 2.50 metros de longitud. Pesa aproximadamente 3.5 kilos.

Se divide en las siguientes partes: campana, pieza grave, culata y pieza tenor o tudelera. En la tudelera se inserta el tudel, que es una pieza metálica en forma de interrogante. Es en el tudel donde se coloca la pesadilla de todo fagotista, la caña, que es de lengüeta doble.

Al ser un instrumento con un tubo tan largo, necesita tener un sistema de 24 llaves para poder tapar los orificios que no se alcanzarían con los dedos.

El sonido del fagot es cálido, redondo y repleto de armónicos, es de una gran viveza en el staccato y tiene un gran abanico de matices y colores. El fagot es el instrumento más grave de la familia de viento-madera, pero tener una extensión de tres octavas y media le convierte en un instrumento versátil y flexible, capaz de adaptarse a cualquiera de los instrumentos de su familia y articular juegos sonoros con cuerdas y metales.

Los fagotes se sitúan en la sección de viento-madera, inmediatamente después de la sección de cuerda, en el centro del escenario, frente al director, detrás de los oboes y a la izquierda de los clarinetes. El primer fagot se sitúa al lado del primer clarinete y detrás del primer oboe. El segundo y tercer fagot se sitúan a la izquierda del primer fagot, siendo el contrafagot el que se sitúa más a la izquierda de la cuerda de fagotes.

Actualmente tenemos dos sistemas de fagot: el francés y el alemán. En mi época de estudiante, el sistema francés era el único que se estudiaba en mi país natal, así que empecé con el fagot francés y seguí con ese sistema hasta finalizar mis estudios en el Conservatorio Superior de Música de París. El fagot francés es muy diferente del sistema alemán tanto por la calidad sonora como por las digitaciones utilizadas. Su sonido es brillante, ágil y flexible y su registro sobreagudo es de emisión más sencilla que el sistema alemán.

El fagot moderno aparece en el siglo XIX, tanto el francés de 22 llaves creado por Buffet Crampon, como el alemán impulsado principalmente por Johann A. Heckel y Carl Armenraeder. Existen reseñas que apuntan que ambos sistemas fueron desarrollados entre 1820 y 1850. Actualmente están mejorados y perfeccionados, si bien es verdad que el sistema francés ha sufrido menos transformaciones. Es evidente que la evolución del fagot va estrechamente ligada a la evolución de la orquesta.

Al finalizar mis estudios superiores, empecé a recibir clases de Amaury Wallez, solista de la Orquesta de París. Era el único solista en Francia que tocaba con sistema alemán. En esa época existía una gran polémica sobre este tema en Francia. A pesar de ello, me pasé al sistema alemán, atraído por la homogeneidad, redondez y calidez de su sonido. Este sistema es el más utilizado a nivel internacional. Actualmente toco con el sistema alemán porque pienso que sus características acústicas están más acordes con la concepción actual de la orquesta, donde se busca una uniformidad de color en las maderas.

Mis abuelos supieron ver antes que nadie mis aptitudes musicales y me apuntaron al Conservatorio. Dio la casualidad de que mi profesor de Lenguaje Musical, Albert Duhaut, era fagotista. Con mis 6 años no tenía ni idea de lo que era un fagot pero él supo insistir lo suficiente hasta convencerme de que eligiese este fascinante instrumento. Gracias a mis abuelos y a él soy fagotista.

El fagot es un instrumento delicado que requiere de muchos mimos.
Después de tocar siempre hay que pasar unos limpiadores adaptados a cada parte del fagot, sobre todo al tudel, a la tudelera y a la culata, que son las partes donde se forma más condensación. Posteriormente, con una bayeta suave, se limpian las llaves y la madera. Una vez al año es conveniente realizar una revisión general con un lutier.

Respecto a cuál sería el solo de fagot más emocionante dentro de una sinfonía, es una difícil pregunta, ¡hay tantos! Para mí de los más emocionantes son los solos que empiezan en los primeros compases de una obra como la Consagración de la primavera de Stravinski o la Patética de Chaikovski. Sin embargo, uno de mis favoritos es el de la Novena Sinfonía de Shostakóvich. Y el concierto para fagot y orquesta más virtuoso, sin duda alguna, es el Concierto para fagot de André Jolivet.

También hay muchas obras de cámara con fagot y muy buenas. Quizás de todo lo que he hecho me quedaría con el Concierto para fagot y conjunto instrumental de Joan Guinjoan. Como escribió la obra especialmente para el Grupo Círculo al cual pertenecía, tuve el honor y el placer de trabajar con él para preparar muy minuciosamente la obra. Grabamos dos discos y la interpretamos en varias ciudades españolas, en Francia, Portugal, Italia, antigua Yugoslavia y Estados Unidos.

El fagot es un instrumento que, por supuesto, puede y, de hecho, está dando juego en contextos de jazz. Músicos como Chick Corea, Karen Borca, Michael Rabinowitz, Paul Hanson y otros muchos utilizan el fagot en sus temas. Lo más difícil es lograr una buena amplificación del fagot respetando sus cualidades tímbricas. El jazz y otros estilos musicales actuales nos abren un espacio infinito de posibilidades sonoras.

Recientemente he colaborado en el disco “Baile de lágrimas” de Javier López de Guereña, un diligente músico, compositor, arreglista y productor español, que cuenta conmigo en muchas de sus aventuras musicales.

Para mí, ser solista de fagot en la Orquesta Sinfónica RTVE es un honor y una gran responsabilidad al mismo tiempo ya que es una orquesta con un gran poder divulgativo. Nuestra orquesta tiene la oportunidad de dar a conocer el repertorio orquestal y crear nuevas aficiones, acariciando siempre la sensibilidad del público. Actualmente mis compañeros de fagot son Vicente Alario y Miguel Barona, dos grandes fagotistas y buenos compañeros de atril.

Creo que la mayor anécdota es haber dedicado toda una vida al estudio del fagot y ser consciente de que siempre hay algo nuevo que aprender.

El fagot es grande y pesado, y como con todo lo que tiene que ver con las posturas fijas mantenidas durante muchas horas, acaba pasando factura, en nuestro caso sobre todo a nivel lumbar y cervical, por lo que es recomendable hacer ejercicios de estiramiento antes y después de tocar e intentar mantener un buen tono muscular en espalda y abdomen.

A la hora de recordar algún nombre legendario en la interpretación del fagot, desde luego estudiando el fagot francés y, especialmente en Francia, Maurice Allard era el gran referente. Recuerdo cuando tenía 15 años cómo hacía saltar la aguja del tocadiscos sobre el vinilo para escuchar una y otra vez pasajes de obras grabadas por él y así imitarle. Cuando entré en el Conservatorio Superior de París, siendo ya alumno suyo, me impactó escuchar cómo interpretaba en el aula, a pocos metros de sus alumnos, la obra que nos había propuesto estudiar ese mes.

Pero, sin duda, el fagotista que más admiro es Amaury Wallez, solista de la Orquesta de París. Con él empecé a estudiar el fagot alemán y fue quien perfeccionó mi técnica y desarrolló mi personalidad musical.

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