¡Filosofía Barata! (Dichos, proverbios, refranes… musicales)

Anecdodas 224

ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES

José Prieto Marugán

 

¡FILOSOFÍA BARATA!

(Dichos, proverbios, refranes… musicales)

Lugares – y III

Cerramos hoy el grupo de refranes relacionados con sitios de nuestra geografía.

 

Alcalá de Henares puede ser la ciudad de En Alcalá, canta el cuco y cantará; José María Sbarbi explica este refrán diciendo que en la universidad había muchos estudiantes que “sacaban de cascos a las mujeres casadas que les tenían a la jineta”, o lo que es lo mismo, que les traían alborotados. Hay en España otros alcalás; al de la provincia de Cádiz se refiere esta frase: En Alcalá de los Gazules, canta el cuco cada lunes.

No falta en estos refranes relacionados con pueblos y ciudades uno con intenciones hirientes contra la mujer: En Cantalapiedra y Cantalpino, canta la vieja con el buen vino. Hombre, la verdad es que el vino, si no se controla, suelta las inquietudes cantoras de hombres y mujeres, de los de estos pueblos salmantinos y de los de cualquier lugar de nuestro país. Esto es de conocimiento general, de Pero Grullo, y está más claro que el agua.

Para finalizar, un refrán que parece musical pero que no lo es: Abad de Zarzuela, comisteis la olla, pedís la cazuela, que se aplica a quienes son demasiado exigentes. Hay que decir que con el nombre de Zarzuela, existen en España los siguientes pueblos: La Zarzuela (Cádiz), Zarzuela (Cuenca), Zarzuela de Galve (Guadalajara), Zarzuela de Jadraque (Guadalajara), Zarzuela del Monte (Segovia) y Zarzuela del Pinar (Segovia).

Y ya que estamos con la zarzuela, recordemos la frase Como los de Calatorao, que incluye Pancracio Celdrán en su Diccionario de frases y dichos populares. Añade don Pancracio que el dicho se completa diciendo “agarraditos de las manos”. Su origen está en la “Jota de los de Calatorao”, de la zarzuela Gigantes y cabezudos, número musical en el que se canta que unos vecinos de este pueblo, iban “agarraditos de la mano”, a las fiestas del Pilar de Zaragoza.

 

Por la familia.

Los músicos son, a veces, la causa directa de que los hombres se dediquen a la música. Cuando se estrenó la Suite escita, de Prokofiev, el 21 de enero de 1916, en Petrogrado (la actual San Petersburgo), uno de los violonchelistas de la orquesta dijo: “¡Porque tengo mujer y tres hijos que alimentar, que si no, no aceptaba yo este infierno” (Planeta, 5 – Pág. 158).

Se dice que no solo de pan vive el hombre; parece el caso de este instrumentista.

 

Ópera peligrosa.

En 1782, una señorita, llamada Fitzherbert, presenciaba The Beggar’s Opera y, al aparecer en escena uno de los personajes principales, sufrió tal ataque de risa que tuvo que ser evacuada del teatro; continuó riendo de forma incontrolable toda la noche y falleció al día siguiente por la mañana.

Traducida al español como La ópera del mendigo, es una ópera balada en tres actos, de John Christopher (1667-1752) con libreto de John Gay (1685-1732), estrenada en el Lincoln’s Inn Fields de Londres en 1728. Ha sido revisada por varios compositores (Fredrick Austin, Benjamin Britten, Arthur Bliss…) e, incluso, llevada al cine. En España sería una zarzuela, pues tiene texto hablado (en prosa y verso) y música. Presenta un ambiente de ladrones, criminales, prostitutas, mendigos…

 

Música para llenar la nevera.

El gran y muy exigente director berlinés Carlos Kleiber (1930-2004) grabó a lo largo de su carrera 12 discos y dirigió 89 conciertos. Para hacerse una idea de tan escaso currículo discográfico, digamos que Herbert von Karajan (1908-1989) grabó 900 discos y videos y dirigió 2.260 conciertos. La razón, según el propio Kleiber era que solo dirigía “cuando la nevera de casa se queda vacía”.

A lo mejor con los conciertos en vivo cubría otros gastos domésticos.

 

Último reconocimiento.

Muzio Clementi (Roma, 23-1-1752–Londres, 10-3-1832) fue enterrado en la Abadía de Westminster. La lápida pone: “Muzio Clementi, conocido como el padre del piano, su fama como músico y compositor aclamada en toda Europa le merecieron el honor de un entierro público en este claustro. Nacido en Roma en 1752 y fallecido en Euesham en 1832”.

Está claro: en Westminster no entierran a cualquiera, aunque no tienen inconveniente en albergar a un extranjero, si sus méritos son suficientes.

 

¿Inspiración o contagio?

Lo cuenta el propio Barbieri: “Estaba pensando la música del Coro de Locos del acto tercero [de Jugar con fuego] a grito pelado e imitando trompetas y tambores con la voz, al mismo tiempo que bailaba como un desesperado; al oír semejante estrépito entra mi madre y dice: «¿qué es eso? ¿te has vuelto loco?». Entonces muy contento, contesto: «Eso es, eso es», y me puse a escribir el coro sin más dilación y sin contestar otra cosa. Mi pobre madre no sabía qué pieza era la que yo componía”.

Nada dice la historia de las reacciones de sus vecinos.

 

Reprobación moral.

En una representación de Los granujas, zarzuela en un acto escrita por Carlos Arniches, con música de Quinito Valverde y Tomás López Torregrosa, estrenada el 8 de noviembre de 1902, en el Teatro Cómico de Madrid, Loreto Prado dio tanta viveza a su personaje, una muchachita engañada por su novio, que otro de los intérpretes se ofreció a reparar la falta cuando la oyó estos versos:

Dios perdona al asesino

y Dios perdona al ladrón,

quien tira un hijo a la calle

no tiene perdón de Dios.

 

Terapia magnética.

Franz Anton Mesmer (1733-1815) tuvo fama en Viena tanto de sanador milagrero como de peligroso charlatán. Curaba utilizando imanes y presumía de sanar con ellos cualquier dolencia. Llegó a afirmar que había curado de ceguera a la pianista María Theresia Paradis (1759-1824), aunque parece que la dama solo veía cuando estaba Mesmer presente. Mesner tuvo que abandonar Viena y se dirigió a París, donde causó furor al principio, aunque también tuvo que salir de allí.

La relación de este sujeto con la música viene porque en el primer acto de Così fan tutte, dos personajes supuestamente envenenados se curan usando un imán.

 

Precocidad.

A los 9 años, el compositor estadounidense Samuel Barber (1910-1981) tenía muy claro cuál iba a ser su futuro. Al menos, eso hemos de deducir de la nota que le dejó a su madre: “No grites cuando leas esto porque no es culpa tuya ni mía. Tengo la intención de ser compositor, y estoy seguro de que lo seré”.

¿Precocidad? No lo crean, el muchacho ya hacía dos años que había compuesto sus primeras piezas para piano, instrumento que empezó a tocar un año antes.

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