Categorized | Viento

El fagot

Por Salvador Aragó

Salvador Aragó es Fagot solista de la Orquesta Sinfónica de Madrid y Profesor del Conservatorio “Joaquín Turina ” de Madrid

A los nueve años, mi padre me dijo: ¿Te gustaría estudiar el fagot? Yo le contesté: ¿Y eso qué es?

Nunca tuve la oportunidad de ver ninguno, y menos de oírlo. Cuando me lo enseñaron me quedé perplejo al ver un instrumento tan distinto de lo que estaba acostumbrado y que a mí me gustaba, que era la trompeta.

Por diversas circunstancias, y sin habérmelo planteado seriamente, me encontraba estudiando el fagot.

Desde que empecé descubrí en él unas características que me gustaron: su sonido tan particular, lo bien que empastaba con los demás instrumentos, el hecho de que poca gente lo estudiase, facilidad para excusarse cuando no salían los pasajes inculpando a las cañas, y algunas otras cosas que no hace falta mencionar.

Cuando empecé a hacer cosas con él, me di cuenta de sus posibilidades. Desde entonces no paro de descubrir situaciones que me hacen disfrutar de sus cualidades. Capaz de hacer llorar, reír, jugar, cantar… Todo lo que es posible en música, transmitiendo sentimientos y situaciones como, por ejemplo, sensuales en el Bolero de Ravel; humorísticas en La Alborada del Gracioso de Ravel; o tiernas, como en Sinfonía nº 4 de Tchaikovsky; a veces trágicas como en la Sinfonía nº 9 de Shostakovich; el nacimiento de la vida del comienzo de La Consagración de la Primavera de Stravinsky; mágicas, como ocurre en El aprendiz de brujo de Dukas, etc., y un sinfín de obras más.

No sabemos ciertamente cuándo nace el fagot; podríamos afirmar que su reaparición, teniendo en cuenta que ya existía un instrumento similar en Roma, es anterior a 1574, ya que había un fagotista en la Corte de Bruselas llamado Philippe van Raust.

El fagot es un heredero directo del dulcián, instrumento creado hacia finales del siglo XVI, como perfeccionamiento de la bombarda. El cambio más importante se realizó, durante el siglo XVII, seccionándose primero en cuatro piezas, para poder trabajar la madera de forma más precisa, puesto que el dulcián sólo constaba de una sola, atribuyéndose éste cambio a Hotteterre. Se probaban modificaciones en la madera, taladros, distancias de los agujeros, diámetro del tubo, buscando mayor sonoridad, mejor afinación y más flexibilidad. Durante este período, llegaron a existir cuatro fagotes de distinto tamaño los cuales dependían de la tesitura en que se iba a emplear:

  1. Fagot soprano en Do, llamado también “fagottino”.
  2. Fagot piccolo, alto o tenor en Sol.
  3. Fagot en Fa.
  4. Fagot en Sol, que por sus dimensiones se situaba entre el fagot actual y el contrafagot.

Los constructores van añadiendo y acoplando nuevas llaves hasta llegar a un total de quince, modelo desarrollado por Adler en 1760. Se iba construyendo de distintas maneras, según los países, pero los más relevantes fueron Francia y Alemania, desarrollando cada uno su propio sistema. En Alemania, los logros de los fabricantes de Dresden no eran satisfactorios comparándose con los de los otros instrumentos de viento.

Hacia 1811 se vendían los instrumentos con tres juegos de tudeles y piezas tudeleras de distinta longitud, para poderse ajustar a los distintos tonos. El fagot estándar tenía seis llaves, dos de ellas de octava, al mismo tiempo se seguían construyendo fagotes de cuatro y cinco llaves, originando una diversificación de digitaciones que afectaba a la afinación.

Almenräder (1786-1843), fagotista y posiblemente uno de los mayores representantes de la historia del fagot, junto a G. Weber acústico de instrumentos, empezaron a trabajar en la fábrica Schott (en Mainz) y cambiaron llaves y otros, mejorando la afinación e igualdad de tono, llegando a construir un instrumento de hasta dieciocho llaves con una amplitud de cuatro octavas.

En 1831, Almenräder y Johan-Adam Heckel fundaron su propio taller en Biebrich (Alemania). Establecieron contactos con compositores entre los que destaca Richard Wagner, que recomendó los instrumentos que fabricaban. En 1869, Heckel patentó uno de los inventos más importantes: el revestimiento de caucho endurecido de la aleta y culata, piezas que estaban sometidas a la condensación y deterioro continuo de la madera.

En la actualidad continúa el perfeccionamiento del mecanismo de llaves, pero sin que los principios fundamentales de la producción sean alterados lo más mínimo.

Paralelamente en Francia existía, también, un esfuerzo continuo de perfeccionar el instrumento, de forma que Hallary, en 1818, construye fagotes de metal, Dordogni intenta una nueva disposición de llaves y Sax modifica el sistema aplicándole nuevos descubrimientos que ayudaban a corregir defectos.

En 1855, Triébert aplica el sistema Boèhm, pero al alterarse el tamaño, la posición de los agujeros y el grosor de las paredes, perdió la característica de su sonoridad y se descartó. Gracias a los esfuerzos del profesor Jancourt y el trabajo junto a Triebert y Buffet, se construyó en 1847 el modelo de 22 llaves que constituye el actual sistema francés.

Desde el siglo XVIII, época de transición del barroco al preclásico, se desarrolló un tipo muy particular de orquesta, la cual sería la base de la que se convirtió en orquesta clásica y más tarde en romántica.

Aunque en muchas partituras no aparecieran partes específicas escritas para el fagot, en la práctica musical se utilizaba para sostener y reforzar los instrumentos de cuerda grave, ya que podemos observar que, en la época barroca, el uso del continuo confirma esta práctica. Al cuarteto de cuerda se le unen algunos instrumentos de viento madera (flauta, oboe y fagot) y metal (trompa y trompeta) asignándoles la misión de doblar ocasionalmente algún instrumento de cuerda.

A mediados del siglo XVIII, al fagot se le empieza a liberar del papel de bajo y a valorar en su registro tenor, igualmente el viento comienza gradualmente a independizarse de las cuerdas al mismo tiempo que aparecen segundas partes como innovación de algunas partituras, creándose nuevas formaciones. A medida que evolucionaba la orquesta, lo hacían paralelamente los instrumentos de viento incorporándose el clarinete, llegando de papeles secundarios a solista con Haydn, Mozart y Beethoven. Se podría decir que en este período se consolidan los vientos en sus composiciones finales.

Las evoluciones orquestales que se desarrollan durante el siglo XIX tienen una clara repercusión técnica y musical en el desarrollo del fagot. Los compositores buscan nuevas sonoridades y colores a la orquesta, realzando las posibilidades sonoras y solísticas de los instrumentos de viento. La exigencia de las nuevas composiciones surgidas ayudan a incorporarse más número de instrumentos de viento a la orquesta. Wagner introduce grupos de tres instrumentos en cada familia, concediéndole además una mayor relevancia solística.

Cabe destacar la escuela rusa en la que Tchaikovsky escribe un gran número de solos para el fagot en sus sinfonías, igual que Rimsky-Korsakov, y Shostakovich en el siglo XX. Durante este siglo, el fagot sigue evolucionando, a la vez que los compositores buscan nuevos planos, horizontes y sonoridad para sus obras.

El fagotista, igual que cualquier instrumentista de viento, siente una gran satisfacción al tocar frases “a solo”, contribuyendo con su aportación al efecto orquestal.

Su situación en la orquesta se halla al lado de los clarinetes, detrás de oboes y flautas y delante del viento metal.

También se han escrito conciertos para fagot solista en todas las épocas. Parece ser, que la primera música escrita “a solo” para fagot fue publicada en Venecia en 1638, en un ejercicio y variaciones para fagot solo con bajo continuo, llamado: Fantasia a basso solo de un monje llamado Fray Bartolomé de Selma y Salaverde, que fue fagotista. En sus composiciones se detecta ya un alto nivel técnico de interpretación en una época en la que el fagot sólo constaba de tres llaves. Más tarde, Vivaldi escribió 39 conciertos, por lo que se observa la gran acogida que este instrumento poseyó. Telemann, Boismortier, Corrette, Galliard, son algunos de los más importantes compositores que dejaron escrito repertorio para este instrumento en la época barroca. Devienne, Stamitz, Kozeluck y Mozart son los más representativos en la época clásica. Ya en el romanticismo, decae un poco el repertorio solístico del instrumento, debido a la aparición del piano y a la evolución técnica de otros instrumentos.

En el siglo XX, los compositores escriben composiciones para fagot como instrumento solista. Autores como Strauss, Jolivet, Jiri Pauer, Blanquer, Boutry, Stockhaussen, Yung, etc., le otorgan una concepción virtuosa de extrema complicidad e incorporan nuevos recursos como el frullato, las dobles voces, multifónicos, sonidos y voz entrelazados, y demás.

En la actualidad se ha generalizado el sistema alemán, en detrimento del francés, el cual se utiliza solamente en algunas orquestas francesas.

Están construidos con distintos tipos de madera: para el francés “palosanto”, y “arce” para el alemán, con dos sonoridades y características diferentes, además de las digitaciones, junto a las cañas, que son bastante distintas. Ambos sistemas miden alrededor de 258 centímetros, aunque las piezas seccionadas no midan lo mismo. El tubo es de forma cónica, dividiéndose en cinco partes, cuatro de madera (aleta o pieza tenor, culata o pieza doble, pieza larga o grave, campana) y una de metal, en forma de “S”, llamada tudel. Al borde del tudel se ensambla una caña (sistema para producir vibraciones) que, colocada en la boca del músico (embocadura) y con el control del aire, hace que las vibraciones se transmitan a través del instrumento produciendo el sonido.

La caña es un elemento muy particular que debe ser preparada por cada fagotista, dependiendo de sus características fisiológicas y de la percepción de la sonoridad que quiera desarrollar. Es un trabajo muy laborioso y costoso que quita mucho tiempo, pero que faculta para poder interpretar bajo las necesidades particulares del fagotista. Siempre se están retocando, modificando y poniéndolas a punto dependiendo de las obras; y a las cañas les influye la climatología, acústica y humedad donde se vaya a interpretar.

Dentro de la familia del fagot existe otro instrumento llamado contrafagot el cual tiene una longitud de 593 cm. Está doblado de tal manera que tiene cuatro tubos paralelos de madera conectados por el extremo y dos secciones en “U” terminando en un pabellón de metal, aunque existen otros diseños de contrafagot con el pabellón hacia arriba. Está afinado una octava más grave que el fagot, siendo su sonido uno de los más graves de la orquesta. Posiblemente el primer compositor que usó el contrafagot en la orquesta fue Haendel en 1727 en el himno para la coronación de Jorge II.

Desde su incorporación en la orquesta, su misión ha sido la de reforzar la sonoridad en los llenos orquestales. Sin embargo, desde hace años goza de cierta autonomía. Dukas, Strauss y Ravel entre otros, le han confiado “solos” de relevancia.

Actualmente existen en el mercado diferentes marcas que no paran de investigar y buscar la forma de mejorar el mecanismo para poder tocar con mayor facilidad, pues el fagot sigue siendo un instrumento con bastantes problemas técnicos.

Desgraciadamente, la calidad va condicionada al precio, con lo que algunos fagotes llegan a ser bastante caros. Hay instrumentos de menor costo para empezar los estudios musicales como fagotista, siendo una de las posibilidad para acceder a escuelas de música o conservatorios.

Me gustaría desde aquí hacer un poco de campaña en favor del fagot. Aunque hay muchos jóvenes a los que les gusta y disfrutan realizándose musicalmente, invito a los padres que hagan partícipes a sus hijos del estudio de la música y así les ayudará en su formación cultural y personal. ¿Y por qué no? Que sea ese instrumento el fagot.

Compartir en:

Comments are closed.

Compartir este artículo

Compartir en: